Llega la noche y nos hipnotiza.
Las velas hacer vibrar a Chiang Mai y nosotras recorremos los templos en silencio dejándonos llevar. Maravilladas, abrumadas.
Todo parece una conspiración. Las imperfecciones son perfectas y perdemos la noción del tiempo. La luna nos recuerda que podemos estar tranquilas y nos acuna.






























